Los espejos de Arturo Zaldívar y Claudia Sheinbaum

Los espejos de Arturo Zaldívar y Claudia Sheinbaum

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Parafraseo a Antonio Machado: “México, la tierra de las negligencias lamentables, ha sido también el pueblo de los aciertos insuperables: supo elegir su presidente. Y sabrá elegir su presidenta”.

Desde luego, me refiero a Andrés Manuel López Obrador y a Claudia Sheinbaum. El poeta Machado, como es bien conocido, hablaba de España y de Manuel Azaña, el último presidente de la II República de ese país.

Tales palabras Antonio Machado las incluyó en un prólogo que hizo a cuatro discursos de guerra de Azaña. ¿Guerra de Azaña? En efecto, la terrible Guerra Civil que se pudo haber evitado si este hombre no hubiera cometido un error gravísimo.

Resultó particularmente espantosa esa guerra porque, dijo Albert Camus, toda una generación europea “aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma y que a veces el coraje no obtiene recompensa”.

¿Qué error cometió Manuel Azaña?

El de no haber hecho nada a pesar de saber que estaba en marcha una conspiración encabezada por militares. Su inacción facilitó el golpe de Estado de 1936. Lo documentó Ángel Viñas en el libro El gran error de la República.

España, como dijo Antonio Machado, había sabido elegir a su presidente, pero en ese país “de las negligencias lamentables”, su presidente cometió el pecado de la indolencia, y falló.

México no está en guerra, pero podría estarlo si Andrés Manuel no aplicara la estrategia correcta. Afortunadamente, el presidente López Obrador no está siendo negligente.

Aceptemos la realidad: el golpe de Estado es un riesgo real en una nación como la nuestra, cuyas clases conservadores más privilegiadas están desesperadas porque la gente vota a favor de las opciones de izquierda.

Me pregunto cómo quería la derecha que votara la mayoría en un país como México con demasiados millones de personas viviendo en situación de pobreza, además aterrorizadas por la excesiva violencia del narco —que se volvió imparable cuando Felipe Calderón decidió combatir militarmente a las mafias para ocultar el fraude electoral que lo llevó al poder; algo que, en el colmo de la estupidez, el esposo de Margarita Zavala hizo sin una estrategia inteligente y entregando la jefatura de las operaciones bélicas a un colaborador del cártel de Sinaloa, Genaro García Luna—.

Creo que el contexto nacional, complicadísimo, explica las más que buenas relaciones del presidente López Obrador con el ejército y la marina. No puede haber la menor duda, lo más sensato que Andrés Manuel ha hecho es tener muy cerca a las fuerzas armadas.

Viene el segundo periodo presidencial de izquierda en México

En unos cuantos meses difícilmente cambiarán las encuestas que dan una enorme ventaja a la candidata de Morena, Claudia Sheinbaum. Menos aún ocurrirá si su rival, la panista Xóchitl Gálvez, insiste en las vulgaridades como único discurso de campaña.

Claudia no alterará las relaciones de la presidencia con el ejército y la marina armada. No se caracteriza ni por temeraria ni por imprudente. Pero, al mismo tiempo, Sheinbaum enfatizará que en su equipo participarán personas absolutamente calificadas en las disciplinas fundamentales para organizar un gobierno, como la economía, la educación, la diplomacia y el derecho.

En algún momento se conocerá el nombre del economista de Sheinbaum, que no sorprendería si fuera el actual secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, quien —lo que sea de cada quien— ha hecho un estupendo trabajo: ahí están las estadísticas macroeconómicas.

Y ya enseñó Claudia que confía en un experto en temas educativos y diplomáticos, Juan Ramón de la Fuente, exrector de la UNAM. Podría este académico con experiencia política ser, en el gabinete de la presidenta Sheinbaum, secretario de Educación, de Relaciones Exteriores o embajador en Estados Unidos. Tres cargos de la mayor relevancia, pero… a la opinión pública no le llamó demasiado la atención que en una reunión con De la Fuente la próxima presidenta quizá anunció a un fuerte candidato a ocuparlos. Discreto siempre, a Juan Ramón no se le da generar notas amarillistas; malo para su popularidad.

Ahora Claudia ha mostrado que en las decisiones relacionadas con la ley y la justicia la asesorará un ministro de la corte, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea —reconocido jurista, doctorado en la UNAM, que ha sido muy exitoso como litigante y sobresaliente como maestro en la universidad donde obtuvo su licenciatura, la Escuela Libre de Derecho—.

Entiendo que la Constitución impedirá que Zaldívar sea secretario de despacho desde el inicio del gobierno de Sheinbaum, pero la carta magna es ambigua en lo relacionado con la consejería jurídica de la presidencia. Así que no es descartable que en 2024 ese sea el cargo de quien pronto deberá ser llamado exministro.

A diferencia de Juan Ramón de la Fuente y de otras personas prestigiadas con quienes se ha reunido Claudia Sheinbaum, ver a Arturo Zaldívar Lelo de Larrea en una foto al lado de la futura presidenta ha causado un enorme revuelo. Sobre todo los y las juristas que no simpatizan con Zaldívar comentan con enojo lo que consideran un error de Claudia.

Que la gente elija ministros y ministras

Corre la versión, en mi opinión cercana a la realidad, de que Zaldívar elaborará y buscará llevar a la práctica —primero como parte del equipo de campaña de Morena y después como consejero jurídico de la presidenta Sheinbaum— un proyecto de reforma del poder judicial que implica, entre otras medidas, desaparecer a la actual Suprema Corte de Justicia de la Nación para reemplazarla por otra con menos integrantes y a quienes se elija mediante voto directo. No conozco a ningún abogado que esté de acuerdo con esto, pero es la idea que AMLO y Sheinbaum han planteado.

¿Arturo Zaldívar apoya lo de elegir en las urnas a ministros y ministras? No lo sé. Le conozco y algunas veces he platicado con él, pero no se ha tocado el tema. Habrá que preguntarle.

Desde luego, para que esa reforma se concretara tendría que decidirlo la mayoría de la gente, que es la que tiene el verdadero poder en una democracia. Sin mayoría en el Senado y en la Cámara de Diputados y Diputadas no habrá ninguna reforma del poder judicial. Con tal mayoría, Morena cambiará la Constitución y tendremos un sistema totalmente distinto de jueces, juezas, magistrados, magistradas, ministros y ministras. No sé si mejor o peor, imposible saberlo, pero absolutamente diferente al que conocemos y que desde el sexenio de Ernesto Zedillo ha operado en México —a veces muy mal, como en los tiempos del desafuero de AMLO, a veces muy bien, como en este momento—.

Claudia Sheinbaum antes que política es científica

Es decir, la próxima presidenta tiene más dudas que certezas. Si algo sabe Claudia es que “la obligación de cualquier científico es poner constantemente en duda todo lo que cree que sabe”, tal como lo leí en un sitio de internet de la Universidad del País Vasco. Entonces, deberá alentar a Zaldívar a diseñar una reforma judicial que no parta de que es necesariamente verdad eso de que lo mejor es elegir mediante voto directo a ministros y ministras. Porque, ni hablar, podría ser falso.

Arturo Zaldívar no es político, sino jurista. De todo corazón deseo que no aspire a una carrera política. O bien, que si tiene pretensiones de llegar mucho más alto en la administración pública, inclusive a la titularidad del poder ejecutivo, las subordine en el arranque del sexenio de la presidenta Sheinbaum a la búsqueda de la mejor reforma del poder judicial posible, no a fuerza la que quieran AMLO y Claudia, que podría no ser la adecuada —yo no lo sé, solo planteo la duda—.

Los otros espejos jurídicos

Para llegar a la mejor reforma del poder judicial posible Arturo Zaldívar deberá dialogar con los y las grandes juristas de México y de otras partes del mundo. Les conoce. naturalmente, muy bien a sus colegas nacionales más competentes. Ha convidado con ellos y ellas durante muchos años en la corte suprema, en la academia y en el litigio. ¿Nombres?

  • Juan Luis González Alcántara Carrancá, doctor en derecho con una amplia cultura humanista, que resulta evidente en sus artículos publicados en El Heraldo de México.
  • Javier Quijano Baz, insuperable litigante, mejor ser humano, persona preparadísima en literatura, música, historia.
  • Margarita Ríos Farjat, excelente como jurisconsulta y poeta excepcional. ¿Puede haber un mejor currículum para garantizar sabiduría en la aplicación del derecho?
  • Alberto Pérez Dayán, juez toda su vida, que ha dado lecciones de dignidad e independencia, como en el desafuero de AMLO, cuando le dio razón al ahora presidente contra toda la mafia del poder. Ese gesto no se olvida.
  • Norma Piña, mujer liberal y comprometida con la causa de las mujeres, quien en la presidencia de la SCJN ha resistido las más fuertes presiones del poder ejecutivo, lo que es un mérito.
  • Olga Sánchez Cordero, la brillante abogada que ya recorrió el camino —de la corte a la política—, que empieza a andar Zaldívar.
  • José Ramón Cossío, exministro hoy en la oposición, por lo mismo merecedor de que sus opiniones sean tomadas en cuenta en un país que es de todos y todas, no solo de quienes gobiernan.
  • Javier Tejado Dondé, abogado con experiencia en medios de comunicación, productor ejecutivo de la extraordinaria serie de TV sobre el feminicidio Caníbal: Indignación Total que produjo la SJCN durante el periodo en que Zaldívar la presidió.

Con ellos y ellas Arturo Zaldívar ha tenido algunas coincidencias y muchas diferencias. Por lo mismo, preguntarles, dialogar, debatir será lo más adecuado para su persona y para México.

Sobre todo, Zaldívar deberá verse en el espejo de quienes tengan ideas contrarias a las suyas. Con esto me viene a la cabeza algo escrito por un poeta de San Sebastián, España:

Los espejos…

No los domésticos,

estratégicamente dispuestos

para que te digan siempre

lo que quieres oír,

sino los otros,

los que no tienen dueño…,

Esos son los que te dicen la verdad.

KARMELO IRIBARREN

En la reforma del poder judicial son los otros espejos, no los propios, los que Arturo Zaldívar y Claudia Sheinbaum deberán consultar. Él, para honrar su legado, que según dijo en su renuncia al cargo de ministro, fue haber impulsado como presidente de la SCJN “los criterios más vanguardistas que constituyeron el nuevo paradigma constitucional en la defensa de los derechos humanos de todas las personas”. Ella, para jamás decepcionar en su destino, histórico, de ser la primera mujer que gobernará nuestra nación

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